Robert Molina

España. Cortometraje: FE

5/12/20265 min read

Entrevista a Robert Molina

¿Cuál fue la chispa inicial que dio vida a esta historia y qué buscabas transmitir al espectador?

Soy un enamorado de la naturaleza y de los animales. Siempre me ha llamado la atención cómo, en el mundo de las aves, la construcción del nido puede formar parte del cortejo, de la búsqueda de pareja y de la demostración de capacidad, cuidado y futuro. A partir de esa observación real surgió la idea de convertir el nido en una metáfora emocional. En Fe, un pequeño pájaro intenta construir un nido para impresionar a una hembra, pero fracasa frente a otro pájaro aparentemente más seguro y más experimentado. Desde ahí, la historia se transformó en una fábula sobre la perseverancia, el rechazo, la capacidad de aprender del fracaso y, sobre todo, de volver a levantarse. Lo que buscaba transmitir al espectador es que no siempre gana quien parece más perfecto, sino quien observa, resiste y vuelve a intentarlo. Fe habla de seguir construyendo incluso cuando todo parece perdido.

¿Qué influencias cinematográficas, artísticas o personales inspiraron el proyecto?

La principal influencia inicial fue el documental de naturaleza y la mirada de David Attenborough en The Life of Birds, y en particular el episodio “Finding Partners”. Me interesa mucho cómo sus documentales muestran comportamientos animales reales y, al mismo tiempo, revelan emociones y conflictos que podemos reconocer como profundamente humanos. También me inspiraron las fábulas clásicas y el cine de animación emocional: historias sencillas, con personajes aparentemente pequeños, que permiten hablar de temas universales como la esperanza, la fragilidad, el fracaso y la superación. A nivel personal, Fe nace de una sensación muy humana: todos hemos sentido alguna vez que no éramos suficientes, que otros llegaban antes o parecían hacerlo mejor. La película habla de ese momento íntimo en el que, a pesar del rechazo o la derrota, decides no rendirte.

¿Cómo describirías el universo visual del cortometraje?

El universo visual de Fe es poético, natural y luminoso, con una estética de cuento cinematográfico. Quería crear un mundo bello, cálido y emocional, pero también vulnerable ante la fuerza de la naturaleza. La luz, la selva, la tormenta y los nidos funcionan casi como personajes. Todo está pensado para que el espectador sienta ternura por el protagonista y, al mismo tiempo, perciba el peligro y la emoción de su viaje.

¿Cómo decidiste integrar la IA en su proceso?

Decidí integrar la inteligencia artificial como una herramienta creativa al servicio de la historia. No quería usar IA solo para generar imágenes bonitas, sino para construir un cortometraje con sentido narrativo, emoción y ritmo cinematográfico. La IA me permitió explorar muchas posibilidades visuales, pero siempre desde una dirección humana: elegir qué imagen servía, qué plano transmitía la emoción correcta y cómo debía avanzar la historia.

Cuéntanos sobre tu “laboratorio creativo”: ¿Qué herramientas IA usaste y qué papel jugaron en la narrativa?

Mi laboratorio creativo combinó herramientas de generación de imagen, vídeo, voz, música y edición: Ideogram, Leonardo, ElevenLabs y Suno. Utilicé inteligencia artificial para desarrollar el universo visual, crear secuencias animadas, trabajar voces y apoyar la atmósfera sonora y musical. Después, todo el material fue seleccionado, ordenado y montado en DaVinci Resolve. La IA aportó posibilidades visuales y sonoras, pero la narrativa nació del proceso de dirección, selección, montaje y ajuste emocional.

¿Cuál fue el obstáculo técnico o creativo más difícil al trabajar con estas herramientas?

El mayor obstáculo fue conseguir continuidad visual y emocional. Trabajar con IA implica enfrentarse a resultados imprevisibles: personajes que cambian, movimientos que no siempre son naturales o planos muy bellos que, sin embargo, no sirven para contar la historia. El reto no fue generar imágenes, sino convertir esas imágenes en una película coherente.

¿En qué parte del proceso sentiste que tu visión artística fue más necesaria para “guiar” a la tecnología?

Mi visión artística fue especialmente necesaria en el montaje. Ahí es donde realmente se construyó la película. La tecnología puede generar muchas opciones, pero no decide por sí sola cuándo una escena debe respirar, cuándo debe emocionar o cuándo una imagen debe desaparecer. La dirección humana fue fundamental para marcar el tono, el ritmo, la emoción y el sentido final del cortometraje.

¿Qué desafíos encontraste durante la realización?

El principal desafío fue mantener una historia sencilla, clara y emocional sin perder coherencia visual. También fue importante evitar que la tecnología se impusiera sobre la narración. En un proyecto creado con IA es fácil dejarse llevar por lo espectacular. En Fe, intenté que cada plano estuviera al servicio de la emoción del pequeño pájaro y de la evolución de la historia.

¿Hubo alguna escena o momento particularmente difícil de crear?

La parte más compleja fue construir la interacción emocional entre los pájaros. Muchas veces los personajes no estan en el mismo plano, así que el reto fue ordenar y combinar las imágenes generadas por IA de forma que el espectador entendiera claramente la relación entre ellos: el esfuerzo del protagonista, la presencia del rival y la reacción de la hembra. Era importante que esos momentos no fueran solo visualmente llamativos, sino emocionalmente significativos y fáciles de comprender. El final debía demostrar que el protagonista no vence porque sea más fuerte, sino porque ha tenido fe en el, se ha levantado después del tropiezo, ha aprendido, se ha adaptado y ha construido algo capaz de resistir. Para mí, esa es la esencia de Fe: creer, resistir y seguir adelante.

Robert Molina
Director de Fe

SINOPSIS:

Un pájaro joven observa cómo una hembra se posa en una rama cercana. Impulsado por el deseo de impresionarla, comienza a construir un nido. Otro pájaro, más experimentado, al ver la escena decide hacer lo mismo, levantando un nido aparentemente perfecto.
El nido del joven resulta burdo e imperfecto; incluso llega a romperse. La hembra, entre la compasión y la incomodidad, acaba eligiendo al pájaro mayor, dejando al joven solo y abatido.
Comienza a llover. El joven abandona su nido, se posa en una rama y reflexiona sobre su fracaso. En medio de la tormenta, la tristeza da paso poco a poco a una sonrisa, a la determinación y a la confianza en sí mismo.
Decide entonces reformar su nido, reforzándolo y adaptándolo para protegerse de la lluvia.
Cuando aparece una hembra joven, él la invita a resguardarse en su nido. Ambos se acurrucan juntos, protegidos de la tormenta, compartiendo un espacio construido desde el esfuerzo y la perseverancia.
La historia se cierra con una imagen reveladora: el nido del pájaro mayor, aparentemente perfecto, queda inundado por el río crecido, mientras el del joven resiste. Una metáfora sobre la resiliencia, la fe en la vida y la importancia de levantarse tras la caída, que nos recuerda que no todo lo que reluce es oro y que el trabajo sincero siempre encuentra su recompensa.